Por Peter Vandermeersch

El periodismo no se reinventó repentinamente en 2025. Pero fue el año en que fuerzas que acechaban desde hacía tiempo finalmente se hicieron imposibles de ignorar. La IA generativa impulsó el avance.

Las empresas tecnológicas y los editores se enfrentaron abiertamente. La confianza en las noticias siguió decayendo. Los jóvenes se distanciaron cada vez más de los formatos informativos tradicionales. Y los actores políticos intensificaron sus ataques al orden informativo. En conjunto, estas presiones llevaron al periodismo a una encrucijada decisiva.

Los periodistas siguen contando historias, pero su oficio está evolucionando rápidamente. Su trabajo ya no consiste simplemente en publicar información: hay demasiada, llega con demasiada rapidez y de todas partes. En cambio, el periodismo implica cada vez más interpretar, filtrar y verificar un torrente que amenaza con saturar la comprensión pública. La sobrecarga de información ya no es una metáfora; es la condición cotidiana de la vida moderna.

En este contexto, la lucha entre los editores y los principales desarrolladores de IA se hizo evidente. Quedó claro que los modelos de lenguaje que configuran nuestro mundo digital (GPT, Claude, Llama, Gemini) se entrenaron en amplios sectores del periodismo, generalmente sin autorización.

Cuando los ejecutivos de tecnología dijeron al Congreso de Estados Unidos que sus modelos dependen de “contenido web de acceso público”, los editores escucharon la admisión de algo que había estado oculto durante mucho tiempo: nuestro periodismo se ha convertido en materia prima para el modelo de negocios de otra persona.

Como dijo Mathias Döpfner, director ejecutivo de Axel Springer: «El periodismo de calidad es la base sobre la que las empresas de IA construyen sus productos». Si se socava esta base, tarde o temprano toda la estructura se derrumba.

Tiempos paradójicos

La industria de los medios ha estado dividida sobre cómo responder.

Algunos medios han firmado acuerdos de licencia; otros, encabezados por The New York Times, han llevado a las empresas de inteligencia artificial a los tribunales, argumentando que el scraping a escala industrial equivale a un robo de derechos de autor a escala industrial.

Los editores europeos se han sumado por temor a que el periodismo quede vaciado mientras las empresas de inteligencia artificial cosechan el valor creado por otros.

La cuestión central es simple: si las organizaciones de noticias quieren seguir financiando el trabajo de información, verificación e investigación, entonces la IA debe ayudar a pagar el periodismo del que depende.

El enorme valor que generan los sistemas de IA no surge de la nada; es el resultado de décadas de trabajo periodístico. Si las empresas de IA quieren acceso continuo a ese conocimiento, deben contribuir a mantener el ecosistema que lo genera.

Pero la verdadera transformación está ocurriendo en las redacciones. Y aquí reside la paradoja de nuestro momento: la IA es a la vez la tecnología que amenaza al periodismo y la que podría fortalecerlo.

Si se utiliza adecuadamente, la IA puede encargarse de tareas que sofocan a los periodistas: clasificar documentos, resumir informes densos, transcribir entrevistas, comparar fuentes, detectar patrones.

Estos trabajos son esenciales, pero requieren mucho tiempo, son repetitivos y rara vez son lo que distingue al periodismo. Si la IA libera a los periodistas de estas cargas, les da más tiempo para el trabajo que solo los humanos pueden hacer: buscar fuentes, emitir juicios, informar sobre el terreno y desafiar al poder.

Sin embargo, el miedo persiste. A algunos periodistas les preocupa que la IA perjudique la calidad; a otros, que el público ya no distinga entre lo humano y lo sintético. Y muchos temen que sus empleadores utilicen la IA para recortar empleos. Estas inquietudes son comprensibles, pero pasan por alto el peligro mayor.

La verdadera amenaza no es la IA dentro de las salas de redacción, sino la IA fuera de ellas, que genera un contenido sintético ilimitado que parece noticias pero carece de cualquier escrutinio periodístico.

Por eso la transparencia es esencial ahora. En una era de deepfakes, citas inventadas y narrativas sintéticas, el periodismo debe mostrar no solo lo que informa, sino también cómo lo sabe. La transparencia no es un ejercicio de imagen; es la única vía para reconstruir la autoridad.

Una forma de periodismo sigue siendo irremplazable: el periodismo de investigación. Genera lo único que ninguna máquina puede producir: nuevos datos.

La IA puede analizar y resumir, pero no puede exponer la corrupción, obtener un documento confidencial, generar confianza con los denunciantes ni confrontar a un ministro con una verdad incómoda. Esa labor sigue siendo humana. Y los mejores periodistas de investigación usarán la IA no como una amenaza, sino como una herramienta poderosa.

Públicos del futuro, hoy

Mientras tanto, las audiencias están cambiando tan rápido como la tecnología.

Los jóvenes se están alejando de las noticias tradicionales en favor de personas que explican los acontecimientos en formatos breves, directos y visuales.

El francés Hugo Travers ( HugoDécrypte ), el español Emilio Doménech y el fenómeno conocido como News Daddy llegan ahora a millones de personas.

Para muchos jóvenes, estos creadores no son una alternativa al periodismo, sino un sustituto: menos formal, más inmediato, más humano.

Y luego está el clima político. En Estados Unidos, en 2025 se vivió la mayor presión sobre los medios en décadas. La Casa Blanca lanzó un sitio web oficial que invita a los ciudadanos a denunciar «noticias falsas», básicamente una lista negra moderna.

Donald Trump demandó a The Wall Street Journal por al menos 10 000 millones de dólares por informar excesivamente sobre una supuesta carta a Jeffrey Epstein y amenazó con acciones similares contra The New York Times y la BBC. Estos casos pueden tener poco fundamento legal, pero tienen un propósito inequívoco: silenciar a la prensa con terror.

Un presidente que no sólo pretende vilipendiar a los medios sino también llevarlos a la quiebra ataca una piedra angular de la democracia.

Éste es el mundo en el que vive hoy el periodismo: amenazado por gigantes tecnológicos que extraen su valor, por sistemas de inteligencia artificial que pueden replicar su superficie sin su sustancia, por audiencias que desconfían de él o lo ignoran y por actores políticos que lo etiquetan como enemigo.

En un momento así, la respuesta no es menos periodismo, sino más. No periodismo defensivo, sino mejor.

Necesitamos un periodismo que entienda la tecnología en lugar de temerla, que acepte la transparencia como fuente de credibilidad, que colabore con los creadores que llegan a las nuevas generaciones y, sobre todo, que siga haciendo lo que ninguna máquina puede hacer: descubrir lo que es verdad.

Fuente: WAN-IFRA