El autor del artículo, Simón Peña Fernández, explica que el avance de la inteligencia artificial generativa desde la popularización de ChatGPT ha abierto un nuevo escenario para el periodismo, no solo por su posible impacto en el trabajo de las redacciones, sino también por los cambios que introduce en la forma en que las audiencias acceden a la información, ya que una parte creciente de los jóvenes comienza a consumir noticias directamente a través de sistemas de IA sin consultar de manera directa a los medios tradicionales.
Desde que, hace poco más de tres años, ChatGPT generalizó el acceso a la inteligencia artificial generativa (IAG), la mayoría de los estudios y encuestas indican que los periodistas se aproximan a su uso con cautela y espíritu crítico.
Los motivos son conocidos. Desde el temor a su impacto en el empleo y las condiciones laborales, hasta el efecto que puede tener en la propagación de la desinformación y merma en la calidad de los contenidos. La mayoría de los profesionales de la información aboga por un uso prudente de la IAG, en el que prime su uso de forma transparente y una imprescindible supervisión humana.
Estas preocupaciones, sin embargo, suelen anclarse consciente o inconscientemente en el modelo de consumo tradicional de los medios de comunicación, en el que la IA constituiría una herramienta –profundamente disruptiva, eso sí– para el trabajo en los medios.
Por el contrario, estudios recientes como el Future Report de Google o el Digital News Report coordinado por la Universidad de Oxford, indican que, ya hoy, una parte de los jóvenes —entre el 12% y el 27%, según los estudios— consume información a través de la IA, sin consultar directamente los medios de comunicación tradicionales.
Este consumo indirecto de información no es nuevo, pues durante las dos últimas décadas la popularización de las redes sociales ya había transformado el modo en el que los jóvenes acceden a las noticias. La inteligencia artificial generativa, sin embargo, introduce nuevos factores de incertidumbre sobre la calidad de los contenidos, derivados de la opacidad que caracteriza a los modelos de lenguaje y de la falta de transparencia sobre los datos y criterios que los sustentan.
Dado que los modelos de lenguaje tienden a reproducir patrones de la vida real en la que se han programado, algunos de esos sesgos resultan viejos conocidos, como los vinculados al género, la raza o la religión. Lejos de desaparecer, como tendemos a colonizar los nuevos espacios con los viejos valores que llevamos en la mochila.
Pero al confiar el consumo de información a un chatbot o un modelo de lenguaje, cada uno de ellos tiende a reproducir, en la neblina de los algoritmos con los que están programados y los datos con los que están entrenados, una visión del mundo que impone qué fuentes merecen ser visibles y qué datos se consideran relevantes.
En el caso específico del sesgo territorial, en nuestra última investigación publicada, hemos comprobado que los modelos de lenguaje tienden a generar respuestas más completas, trazables y estructuradas cuando abordan noticias de carácter nacional, mientras que son más breves, difusas o directamente evasivas cuando el ámbito de la información es local o regional.
Lejos de ser herramientas neutrales, los modelos generativos privilegian una jerarquía informativa en la que los contenidos de alta visibilidad nacional o global eclipsan los contenidos locales o regionales, y tienden a producir una recentralización algorítmica de la esfera pública. El escaso peso de los datos aportados por los medios de proximidad en los conjuntos de datos de los modelos de lenguaje produce una menor visibilidad de estos contenidos. Su menor capacidad de inversión en tecnología y los acuerdos globales de las plataformas con los grandes grupos mediáticos para utilizar —y privilegiar— sus contenidos también contribuyen a su invisibilización.
Por ello, si los sistemas generativos se consolidan como mediadores del acceso a las noticias, abordar el sesgo territorial resulta imprescindible por su impacto directo en el pluralismo y la diversidad informativa. Para ello, las alianzas entre medios de proximidad y los acuerdos con las grandes plataformas pueden ser una vía para preservar la visibilidad de la información local y regional.
Fuente: Laboratorio de Periodismo



