La autora del artículo, Hada M. Sánchez Gonzales, analiza en este artículo cómo la inteligencia artificial se está incorporando a los proyectos europeos de lucha contra la desinformación, tanto en tareas de verificación de contenidos como en iniciativas de alfabetización mediática. A partir del estudio de diversas iniciativas financiadas por el European Media and Information Fund (EMIF), examina las aplicaciones prácticas de estas tecnologías, sus ventajas para el análisis y detección de información engañosa, así como los desafíos éticos y profesionales que plantea su creciente utilización.

Llevo años analizando la intersección entre tecnología y periodismo, y puedo decir con convicción que la IA o el llamado “efecto ChatGPT” ha provocado algo más que un avance técnico: ha activado un auténtico cambio de paradigma que nos obliga a repensar nuestra responsabilidad ética y profesional. Recientemente, junto a mis colegas Ana Zafra y María Sánchez, nos propusimos indagar cómo esta tecnología se utiliza en la lucha contra la desinformación en Europa y los resultados del estudio publicado en Doxa Comunicación ofrecen una radiografía sobre el estado de la cuestión.

El punto de partida: hacia la práctica europea

Lo que nos motivó a realizar este trabajo fue la necesidad de pasar del debate teórico sobre los riesgos de la IA a la evidencia de su aplicación práctica. En un ecosistema informativo donde los desórdenes informativos erosionan la confianza de la audiencia, queríamos saber qué están haciendo los proyectos financiados por el European Media and Information Fund (EMIF). Este fondo es una pieza clave en la estrategia de la Unión Europea para fortalecer la resiliencia ciudadana y profesional frente a las mentiras digitales.

Para abordar este análisis, realizamos un censo de los proyectos aprobados por el EMIF desde septiembre de 2022 hasta junio de 2024. Contactamos directamente con sus responsables para explorar no solo el uso funcional de la IA, sino también la percepción ética y los retos detectados. Analizamos 14 iniciativas de diversos países, lo que nos permitió entender el «qué», el «cómo» y el «para qué» de estas innovaciones en verificación y alfabetización mediática.

La IA en la verificación

La IA se ha vuelto indispensable para gestionar un gran volumen de datos del entorno digital. Hemos identificado proyectos como Scale-up Science Fact-Checking, que utiliza IA para transcribir automáticamente miles de horas de audio y vídeo en plataformas como YouTube y podcasts. Esto permite a los verificadores detectar narrativas engañosas en tiempo real. Otro ejemplo es el proyecto SCENT- (Predicting domain credibility on the basis of backlink networks), que utiliza análisis de redes para evaluar automáticamente la credibilidad de dominios web científicos. No se trata solo de desmentir un bulo específico, sino de identificar patrones estructurales en la web: cómo los sitios de baja calidad tienden a enlazarse entre sí para amplificar la mentira. Estas herramientas permiten que los profesionales se centren en el análisis crítico profundo, delegando las tareas mecánicas de procesamiento de datos a la máquina.

Alfabetización mediática: Gamificación y aprendizaje

En el ámbito de la alfabetización, el estudio revela un giro hacia estrategias mucho más interactivas y personalizadas. Ya no basta con manuales estáticos; la tendencia es la gamificación. Proyectos como EMILE han desarrollado videojuegos diseñados para que los estudiantes aprendan a leer críticamente textos digitales y a realizar búsquedas inversas de imágenes de forma lúdica. Esto permite una personalización del aprendizaje donde el docente puede supervisar el progreso en tiempo real y ajustar la enseñanza según las necesidades detectadas.

Por su parte, Escape Fake 2.0 propone un innovador escape room digital donde los jóvenes deben resolver acertijos y verificar la autenticidad de contenidos en un entorno que simula redes sociales. Este proyecto destaca por integrar la propia IA generativa para crear textos e imágenes del juego, contando con un agente pedagógico que guía al alumno en tareas críticas como la búsqueda inversa de imágenes. Finalmente, la iniciativa YO-MEDIA lleva este entrenamiento un paso más allá al combinar dinámicas digitales con experiencias físicas que recrean escenarios de alta presión y crisis, reforzando las habilidades críticas a través de cursos MOOC.

Ética y el factor humano

La mayoría de los responsables coinciden en que la IA facilita el trabajo de los fact-checkers. Sin embargo, mi labor me obliga a señalar los riesgos detectados. Existe una dualidad preocupante: la misma tecnología que nos ayuda a verificar es la que permite crear desinformación cada vez más sofisticada, como los deepfakes, obligándonos a una carrera armamentística tecnológica constante. Además, detectamos una falta de normas o pautas internas en muchos de los proyectos analizados. Solo algunos, como Escape Fake 2.0, cuentan con guías claras para asegurar el uso ético de la IA y la privacidad de los datos. Existe también el riesgo de que la automatización reduzca nuestra capacidad de razonar de forma autónoma y genere dependencia cognitiva si confiamos ciegamente en la verificación algorítmica.

Reflexión final y visión de futuro

Estamos en una fase incipiente pero decisiva. La IA se está integrando de forma funcional: los periodistas la usan para transcribir y automatizar, mientras los educadores la emplean para gamificar el conocimiento. Sin embargo, el factor humano sigue siendo insustituible. La máquina puede procesar millones de datos, pero carece de la profundidad narrativa y el compromiso ético que definen al buen periodismo.

El reto para los próximos años no es solo adoptar la tecnología, sino hacerlo concibiendo un marco de gobernanza ética y alfabetización digital continua. Así pues, la IA en manos de profesionales comprometidos es una herramienta de empoderamiento ciudadano, pero la inversión en formación y el fomento del pensamiento crítico son, hoy más que nunca, nuestras mejores defensas contra la desinformación.

Fuente: Laboratorio de Periodismo