Reflexiones en un encuentro en Roma sobre el rol insustituible del juicio humano y los desafíos del periodismo profesional ante el avance de la inteligencia artificial.

En un contexto global marcado por transformaciones tecnológicas que redefinen la relación con el conocimiento y el debate público, la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma albergó unas intensas jornadas de reflexión sobre el papel insustituible de la persona humana y del periodismo profesional frente al avance acelerado de la inteligencia artificial.

El encuentro —convocado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Gregoriana junto a la Fundación Fratelli Tutti, y respaldado por la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la Asociación de Periodistas y Comunicadores Católicos de Italia (UCSI) y la Orden de Periodistas del Lazio— buscó traducir en compromisos concretos las orientaciones de la encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV. 

En el documento, el Pontífice sitúa a la verdad como un bien común indivisible, rechaza la concentración tecnológica y reconoce el valor de los periodistas que investigan y buscan los hechos, como contrapeso fundamental ante el autoritarismo y la desinformación.

La actividad reunió en el Collegium Maximum a directivos de medios de Italia e Iberoamérica, editores, parlamentarios, autoridades eclesiales y expertos en sociología y ética digital.

La verdad como bien común y el desarme de la comunicación

La sesión inaugural e institucional estuvo presentada y moderada por el padre Francesco Occhetta S.J., profesor de la Gregoriana y secretario general de la Fundación Fratelli Tutti, quien recordó el corazón del mensaje pontificio: «El Papa León XIV nos recuerda en su encíclica que la verdad es un bien común y no patrimonio exclusivo de quienes ostentan el poder o la visibilidad. Y es precisamente esta responsabilidad hacia la verdad, el servicio público y el periodismo como misión la que hoy queremos explorar con la mayor profundidad posible».

A su turno, el padre Dariusz Kowalczyk S.J., presidente de la misión del Collegium Maximum de la Gregoriana, dio la bienvenida a los participantes y rescató el valor de la relación con los hechos: «Sin una relación leal con los hechos, la democracia se debilita e incluso corre el riesgo de degenerar. La inteligencia artificial puede multiplicar la información, pero no puede reemplazar la conciencia, la sensibilidad ni la responsabilidad moral de quienes se comunican». En tanto, la vicepresidenta de la Cámara de Diputados de Italia, Anna Ascani, alertó: «Muchos creemos erróneamente que las nuevas tecnologías son neutrales; no es cierto, dependen de intereses y proponen modelos predeterminados. Si queremos que la inteligencia artificial sea una inteligencia aumentada y no una herramienta que sacrifique la dignidad humana en aras del lucro, debemos asumir una responsabilidad política y regulatoria».

Uno de los momentos centrales de la apertura lo protagonizó Paolo Ruffini, prefecto del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, quien brindó una profunda reflexión tras décadas de labor informativa: «¿Qué es la verdad y en qué se convierte la comunicación si el negocio que la sustenta se basa abiertamente en la indiferencia entre verdad y mentira? No podemos delegar en un oligopolio el poder de definir qué es verdad, qué es ético, qué se puede y qué no se puede decir para miles de millones de personas. Sin hechos no puede haber verdad, sin verdad no puede haber confianza, y sin estas tres cosas no hay realidad compartida, ni periodismo, ni democracia».

Ruffini recordó la advertencia de la  periodista filipina y premio Nobel María Ressa sobre cómo el objetivo deliberado de la desinformación lucrativa es hacernos dudar de todo para paralizarnos, e instó a recuperar la audacia profesional: «El papa León nos invitó a todos a desarmar la comunicación, a desarmar las palabras, a construir una comunicación de diálogo y paz. Para las empresas de medios, es crucial que los algoritmos, diseñados para ganar la batalla por la atención, no prevalezcan sobre la fidelidad al valor profesional de la búsqueda de la verdad».

Sesión Internacional: El compromiso de los directivos de prensa

La sesión internacional del encuentro estuvo conducida por Ricardo Trigo, representante de la Fundación Fratelli Tutti en América, y Andrés D’Alessandro, director ejecutivo de ADEPA. Trigo subrayó la responsabilidad generacional frente a este cambio de época: «Somos la única generación en la historia que viene de lo analógico y ve la maravilla digital. Tenemos la responsabilidad de dejar un legado y poner el límite donde el ser humano sea quien siempre esté al final de toda toma de decisión. La última frontera que jamás va a poder pasar la tecnología es un muro donde están los valores humanos, la compasión, la emoción y la fraternidad». Por su parte, D’Alessandro dio la bienvenida a la delegación de editores y directivos iberoamericanos que expusieron sus visiones sobre los desafíos concretos del sector.

Babel o Jerusalén: El sentido de la técnica y la centralidad de la persona

La primera ponencia estuvo a cargo de José Antonio Aranda, accionista y miembro del directorio del Grupo Clarín, quien repasó las profundas transformaciones vividas por los medios desde la era del papel hasta la reconversión digital, advirtiendo que la IA plantea interrogantes aún más determinantes. «La experiencia –dijo– me enseñó algo: cuando cambian tan rápidamente las herramientas, es todavía más importante preguntarnos qué cosas no deberían cambiar. No se trata de resistir el progreso tecnológico ni temerle a la inteligencia artificial. Se trata de preguntarnos para qué queremos utilizarla, al servicio de qué objetivos. San Agustín describe la historia humana como una lucha entre dos amores: el amor a Dios y al prójimo, o el amor a sí mismo. El tiempo de la inteligencia artificial no escapa a esta regla: la construcción de Babel o la de Jerusalén comienza en cada uno de nosotros».

Aranda puso el acento en el peligro de la delegación cognitiva: «No es solamente la posibilidad de que se produzca información falsa. Es el riesgo de que nos acostumbremos a delegar nuestra propia capacidad de buscar, de dudar, de contrastar y finalmente de formar un juicio. Una sociedad libre necesita personas capaces de pensar por sí mismas». Y concluyó citando el mensaje del Santo Padre: «Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra. Una institución periodística responde ante sus audiencias, pone en juego su nombre y credibilidad. Detrás de cada decisión debe haber personas capaces de asumir las consecuencias. Cuanto más poderosas sean las herramientas, mayor será nuestra responsabilidad».

El rescate de la verdad y el dilema de la propiedad intelectual

Por su parte, José Claudio Escribano, presidente de la Comisión de Premios de ADEPA, miembro de la Academia Nacional de Periodismo y directivo de La Nación, abordó la evolución del ecosistema de medios y el impacto de las plataformas tecnológicas dominantes, recordando que la resistencia inicial o el temor al cambio han atravesado siempre la historia de la ciencia y la técnica.

Escribano denunció el modo en que las grandes empresas algorítmicas capturan el valor generado por las redacciones: «Los grandes modelos de lenguaje de la IA se entrenan horas tras horas con los contenidos y archivos periodísticos de forma compulsiva y ajena a las normas básicas sobre propiedad intelectual, y captan, por añadidura, parte del golpeado mercado publicitario de los medios. La innovación solo será sostenible si se logra preservar el activo principal del periodismo profesional: la producción de información original, confiable, verificada y relevante para la sociedad y la democracia».

En sintonía con Magnifica Humanitas, Escribano advirtió: «Las plataformas no están diseñadas para distinguir lo verdadero de lo falso; están diseñadas para maximizar la atención de los usuarios, aun a costa de subordinar la verdad a contenidos frívolos o sobrevaluados con tal de asegurar clics. Ninguna tecnología puede asumir los dones de nuestra conciencia. La confianza, el dolor, el miedo, la vulnerabilidad o el conflicto necesitan del periodismo».

Juicio humano frente a cálculo de probabilidades

Martín Etchevers, expresidente y actual titular de la Comisión de Libertad de Prensa de ADEPA, directivo del Grupo Clarín y presidente del Comité Legal de la SIP, profundizó en la frontera insalvable entre el procesamiento informático y la labor periodística: «Las redacciones ya usan IA para transcribir, traducir, ordenar información, detectar patrones o procesar documentos. Sería absurdo renunciar a esas herramientas. Bien utilizadas, liberan tiempo para aquello que más importa. Pero el periodismo no consiste solamente en producir textos. Empieza antes: cuando alguien advierte que detrás de un dato hay una historia; formula una pregunta que nadie hizo; construye una fuente o detecta una contradicción. Y termina después: cuando un editor contrasta, jerarquiza, contextualiza y asume la responsabilidad por lo que publica.»

Etchevers remarcó la diferencia medular del oficio: «La IA puede ayudarnos a encontrar respuestas. Pero el periodismo comienza muchas veces por encontrar la pregunta correcta. Ahí aparece una diferencia esencial: una máquina calcula probabilidades; el periodismo exige juicio y ponderación. Una respuesta puede ser verosímil y, sin embargo, no ser verdadera. Una máquina puede producir una respuesta plausible. Pero no puede responder por ella. No tiene reputación que cuidar, obligación de rectificarse ni responsabilidad ante una comunidad. Y esa responsabilidad no es sólo instrumental. El periodismo no es únicamente un método para buscar y verificar información. Es también una relación de confianza: entre periodistas y fuentes, entre medios y audiencias, y entre ciudadanos que sostienen una conversación pública». Y alertó sobre la fragmentación cívica: «Podríamos llegar a una sociedad en la que todos tengan acceso instantáneo a respuestas, pero cada vez compartamos menos preguntas, menos hechos y menos conversaciones».

Innovación responsable y la propuesta de un «sello ético universal»

Fernando Belzunce, director editorial del grupo español Vocento, advirtió que la desinformación opera hoy como una dinámica estructural e industrializada dentro del ecosistema digital, por lo que los esfuerzos deontológicos internos de los medios resultan insuficientes si no abarcan a las plataformas: «Una sociedad puede resistir la incertidumbre, la crisis o el conflicto, pero difícilmente puede sobrevivir a la desaparición de la verdad como referencia compartida. El desafío no radica únicamente en contar lo que ocurre, sino en lograr que la verdad importe en un entorno donde compite en desventaja contra lo viral.»

Para modificar esta asimetría, Belzunce presentó formalmente la propuesta de crear un sello ético universal, fiscalizado por un Consejo Internacional e Independiente de Deontología Periodística e IA. El sello acreditaría a los medios adheridos al código universal y estaría presente de manera visible para los usuarios y en el código fuente para los algoritmos, e impulsaría un acuerdo con las tecnológicas para que sus motores prioricen los contenidos certificados y compensen económicamente a quienes los producen. «En lugar de pedir a los algoritmos que detecten la mentira de forma reactiva, proponemos premiar la verdad indexando la confianza y la responsabilidad en el origen», señaló.

Amenaza a las democracias y el riesgo de los desiertos informativos

Carlos Jornet, vicepresidente primero de la SIP y director periodístico de La Voz del Interior, expuso con dureza el peligro que la automatización sin control representa para las libertades cívicas, vinculando la desinformación sintética con el accionar de gobiernos autoritarios: «La discusión sobre la IA no puede reducirse a medir sus beneficios frente a sus riesgos, ni a considerar los reclamos de los medios como intereses corporativos. Si la abordamos desde los derechos humanos, vemos que los riesgos institucionales son enormes. Debemos actuar antes de que el continente sea un inmenso desierto informativo. No reclamamos subvenciones ni prebendas. Reclamamos justicia. Exigimos que se respeten los derechos por el uso indebido de nuestros contenidos para alimentar sistemas de IA. Asfixiar al periodismo es asfixiar el control ciudadano sobre quienes gobiernan».

Jornet concluyó que «el objetivo no debería ser construir máquinas que gobiernen mejor que las personas, sino sociedades capaces de utilizar máquinas cada vez más inteligentes sin renunciar a su libertad, su dignidad y su responsabilidad».

Ética editorial, diversidad y freno a la violencia digital

Cerrando la sesión internacional, Graciela Rock, presidenta de la Comisión de Equidad de Género y Diversidad de la SIP y directora de innovación de La Silla Rota (México), situó la preservación de la persona humana en el centro de las decisiones técnicas: «El código deontológico tiene que abarcar también el momento en que una redacción elige una herramienta, cómo la configura y define para qué la usa: esa elección también es una decisión profundamente editorial y ética. La información de calidad es un bien común y una parte ineludible de la dignidad humana».

Rock advirtió sobre la concentración tecnológica que margina a las lenguas indígenas y a los medios comunitarios, y alertó sobre la proliferación de imágenes y videos sintéticos no consentidos que afectan en un 87% de los casos a mujeres, impactando gravemente sobre periodistas y dirigentes públicas. Por ello, reclamó compromisos firmes en transparencia de origen, responsabilidad humana nombrable, erradicación de la violencia digital y esquemas de gobernanza justos.

Sesión académica: La intermediación y el sentido de la información

La tercera parte del encuentro estuvo moderada por Vincenzo Varagona, presidente de UCSI, quien abrió el debate académico sobre la necesidad de desacelerar y recuperar la raíz humana del oficio.

El profesor Carlo Sorrentino, catedrático de Sociología de los Procesos Culturales y de la Comunicación de la Universidad de Florencia, analizó la crisis de sostenibilidad y el papel crucial de los periodistas como ordenadores de sentido en medio del ruido digital: «Cuanto más complejo y articulado se vuelve el mundo, más intermediarios cognitivos necesitamos. La información es como el aire que respiramos: vivimos en un ambiente denso de datos y necesitamos que alguien ponga orden. La IA puede organizar información, pero lo que no hace es dar significado a las cosas. Los periodistas unen los puntos dispersos en un laberinto para construir sentido. Si las empresas ven a la IA simplemente como un atajo para ahorrar dinero y vaciar redacciones, no sólo tendremos un problema laboral: tendremos un periodismo superficial, estandarizado y empobrecido, lo que afectará la principal institución a través de la cual conocemos y entendemos la realidad.»

Por su parte, el profesor Filipe Domingues, profesor de la Gregoriana especializado en jóvenes y medios, advirtió que la supervivencia de la profesión no está garantizada por sí misma: «En Magnifica Humanitas, el papa León retoma el pensamiento de Hannah Arendt y dice que el desprecio por la verdad conduce lenta pero inexorablemente al totalitarismo. En la era de la IA, los periodistas debemos asumir una nueva misión: despertar el interés por la verdad en medio de burbujas donde la gente se conforma con lo verosímil». Finalmente, el padre Peter Lah S.J., director de la Facultad de Ciencias Sociales de la Gregoriana, cerró llamando a la corresponsabilidad ciudadana: «El periodismo no sólo nos da datos veraces, sino una forma de estar juntos y deliberar democráticamente. No podemos ser meros consumidores de información rápida; debemos comprometernos en la construcción de una verdadera comunidad cívica».

Un compromiso ético con la verdad y la convivencia democrática

Las deliberaciones concluyeron con una ratificación de una sólida coincidencia entre la visión humanista impulsada por la Iglesia Católica y el diagnóstico de las instituciones periodísticas. En un escenario donde los desarrollos algorítmicos amenazan con desdibujar la frontera entre la realidad y la ficción, la tarea de la prensa profesional adquiere un valor decisivo: reportear, contrastar en el terreno, hacer preguntas incómodas y asumir con nombre propio la responsabilidad moral y legal ante la comunidad. La defensa de la verdad y el sustento del periodismo continúan siendo la condición irremplazable de toda sociedad libre.