La integración acelerada de la inteligencia artificial en las redacciones está reconfigurando la producción informativa sin que, por ahora, se traduzca en nuevos ingresos. Un informe reciente revela que la mayoría de medios ha incorporado estas herramientas a su trabajo diario y a su estrategia empresarial, mientras crecen las dudas sobre su impacto económico y sobre el efecto de los cambios introducidos por los sistemas de búsqueda basados en IA.
La inteligencia artificial está modificando de forma profunda la manera en que se producen, organizan y distribuyen las noticias, y ese cambio comienza a mostrar patrones comunes en distintas regiones, más allá de la procedencia de los medios analizados. El KI-Reifegrad Report 2025, elaborado a partir de una amplia encuesta profesional, describe un escenario que resulta relevante no solo para Alemania, sino para cualquier mercado que esté transitando por la misma transformación: la IA se ha asentado como parte estructural de los flujos de trabajo, pero la industria continúa sin encontrar en ella un motor claro de ingresos. La tecnología ha pasado de ser un experimento a integrarse en la mecánica diaria de las redacciones, sin que esto se traduzca por ahora en un cambio sustancial del modelo económico.
El uso de IA en la creación, edición y gestión de contenidos es ya mayoritario. El informe indica que la adopción crece especialmente en textos e imágenes, donde herramientas como ChatGPT, DeepL, Copilot o Midjourney se han convertido en instrumentos habituales para redactar borradores, reescribir fragmentos, generar titulares, limpiar imágenes o crear elementos gráficos. Esta presencia se refleja en la producción semanal: muchas redacciones trabajan cada semana con entre 50 y 150 textos apoyados en IA, y varias superan esa cifra con amplitud. En cambio, los avances en audio y vídeo siguen siendo más cautelosos, tanto por la novedad de las tecnologías como por la complejidad técnica y las dudas en torno a los derechos de uso.
Más allá de los procesos, el documento detecta un cambio significativo en la cultura interna de los medios. La IA ha sido incorporada a la estrategia empresarial de forma generalizada y se han activado mecanismos de gobernanza para ordenar su uso. El 89 % de las empresas encuestadas declara haber integrado la IA en su planificación corporativa, aunque solo la mitad de los equipos conoce esas directrices.
Esa distancia entre diseño y ejecución se reproduce en la formación: proliferan las guías internas, los manuales, las bibliotecas de prompts y los programas de capacitación, pero no todas las áreas alcanzan el mismo nivel de madurez. La consecuencia es un ecosistema donde conviven equipos muy experimentados con otros que aún trabajan con incertidumbre o con un conocimiento fragmentado.
El estudio identifica un desplazamiento de expectativas que resulta especialmente revelador. La tecnología, inicialmente asociada a la creatividad, la experimentación o la innovación, se vincula ahora de manera prioritaria a la eficiencia y la reducción de costes.
Las previsiones de ahorro casi se han duplicado en un año, y la mayor parte de los participantes sitúa la optimización del tiempo como el principal beneficio esperado. Sin embargo, este avance no se ha traducido en una mejora equivalente de la monetización.
El informe subraya la persistencia del “expectation gap”: lo que se espera que aporte la IA y lo que realmente aporta en términos de ingresos continúa siendo una brecha importante. Solo un 9 % afirma haber registrado ganancias derivadas del uso de estas herramientas.
Esa distancia responde en parte a un contexto tecnológico en rápida evolución. La reorganización de los sistemas de búsqueda —impulsada por funciones como AI Overviews, AI Mode o los experimentos de Google Discover— está alterando la visibilidad del contenido periodístico.
Una parte de los encuestados señala descensos en alcance y posicionamiento, otra no detecta cambios y un porcentaje relevante afirma no disponer aún de datos concluyentes. Este proceso afecta ya a todos los mercados, independientemente de su tamaño, y obliga a los medios a replantear estrategias de fidelización, refuerzo de marca y optimización de contenidos para entornos dominados por respuestas generadas por modelos lingüísticos.
El avance de la IA plantea también desafíos que van más allá de la pura implementación tecnológica. El informe identifica dificultades estructurales —falta de datos bien organizados, complejidad técnica, costes y licencias— y otras relacionadas con la confianza: persisten dudas sobre la calidad de las respuestas generadas y el riesgo de imprecisiones o interpretaciones erróneas. Aun así, el documento muestra cómo diferentes redacciones exploran nuevas posibilidades, desde chatbots basados en RAG hasta resúmenes automatizados, boletines personalizados, asistentes de archivo o herramientas de recomendación diseñadas para aumentar la interacción y la fidelización.
Según sus autores, la industria entra en una fase en la que la IA deja de ser un simple acelerador operativo. El siguiente paso, afirman, pasa por convertirla en un sostén de productos editoriales propios, con capacidad para generar servicios diferenciados, nuevas capas de valor y modelos de negocio sostenibles. El informe subraya que esta transición no afecta solo a un país o a un tipo de medio, sino que define un desafío global para el periodismo: avanzar de la eficiencia a la innovación económica.
Fuente: Laboratorio de Periodismo



