Por Gloria Ziegler

Periodistas, representantes de la sociedad civil y de la academia esbozaron pautas para lograr un trabajo interdisciplinario, ético y con impactos tangibles en el taller «Caminos frente a la desinformación: diálogo, resiliencia y soluciones colectivas», en Lima, Perú.

Perú se alista a elegir su décimo presidente de la década. Aunque el racismo, la polarización y las acusaciones sin pruebas de fraude ya habían fracturado al país en 2021, ahora han vuelto con fuerza, alimentadas por el retraso ―de un día― en la instalación del 0,2% de mesas de votación durante la primera vuelta electoral, debido a problemas logísticos y presuntos actos de corrupción en el organismo a cargo de organizar los comicios.

El intento por anular los votos de las regiones más pobres del país, en 2021; el fallido golpe de Estado de Pedro Castillo, y los 49 muertos de la represión durante el gobierno de Dina Boluarte son recuerdos en carne viva. A ese cóctel ―combinado con una insatisfacción generalizada con la democracia, la concentración de poder por parte del Congreso, la desconfianza en los organismos electorales y el retroceso en la libertad de prensa― se suma una espiral de desinformación que crece, cada día, en alcance y violencia discursiva.

En ese contexto, la Fundación Gabo, en alianza con CFI – Agencia Francesa de Apoyo a Medios de Comunicación y la Embajada de Francia en Perú, realizaron el taller ‘Caminos frente a la desinformación: diálogo, resiliencia y soluciones colectivas’. La actividad estuvo a cargo de la periodista y editora Ginna Morelo y reunió, el pasado 6 y 7 de mayo, a periodistas, comunicadores, representantes de la sociedad civil y de la academia, en Lima.

La primera jornada incluyó, entre otras actividades, el panel ‘Reconstruir la confianza: periodismo, educación mediática y ciudadanía crítica’. La charla, guiada por Morelo, contó con la participación de Nelly Luna Amancio, directora periodística y cofundadora del medio de investigación OjoPúblicoJulio César Mateus, profesor de la Universidad de Lima e integrante de A Mí No Me La Hacen, organización especializada en alfabetización mediática e informacional (AMI), y Osbaldo Washington Turpo Gebera, docente e investigador de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa

Estas son las 10 propuestas que dejó la actividad:

  1. El periodismo debe involucrarse con la educación. En un escenario de saturación de contenidos y proliferación de noticias falsas, no basta con contar la verdad o intentar aproximarse a ella: hay que revertir la desconfianza en el periodismo. Para eso, Luna Amancio recomienda crear espacios educativos para las audiencias más jóvenes, donde se analice qué es la información y cuáles son los métodos para abordar una noticia. Dichos espacios —remarca— también deben ofrecer herramientas para diferenciar la labor de un periodista frente a la de otros creadores de contenido y las características de un medio de comunicación en contraposición a otros espacios, como un fan page (página creada por empresas, figuras públicas y organizaciones, donde promocionan productos, servicios u otro tipo de contenido de interés con sus seguidores o fans).
  2. Promover alianzas con un posicionamiento ético claro. Los enfoques multidisciplinarios pueden detonar soluciones más creativas que el trabajo aislado de la sociedad civil, la academia y el periodismo. Crear alianzas o redes que comuniquen a estos sectores no solo permite abordar las distintas aristas del fenómeno de la desinformación, sino sortear desafíos presupuestales. Estas alianzas, señala Turpo Gerbera, deben adoptar la alfabetización mediática e informacional (AMI) —concepto vinculado a la formación de habilidades para comprender mejor al entorno digital y al ecosistema informativo— como principio ético.
  3. No se trata de corregir, sino de fomentar una actitud crítica. La AMI funciona mejor cuando se centra en el desarrollo de una actitud crítica, más que en señalar lo verdadero y lo falso. “Eso implica aprender a decodificar el lenguaje y, además, la parte más técnica de las plataformas y sus modelos de negocio. Es decir, que las personas se empiecen a hacer preguntas: ¿Cuál podría ser la finalidad de la producción del mensaje que ha recibido? ¿Quién lo ha elaborado? ¿Por qué me hace reír o me genera esta emoción? ¿Qué relación hay entre la publicidad de esa plataforma y su contenido? ¿Habrá intereses cruzados allí?”, ejemplifica Julio César Mateus. Una formación de ese tipo no tiene efectos tan rápidos como la inmunización, pero es fundamental para la toma de decisiones. “Un ciudadano no es tal si no es capaz de comprender cómo funcionan los medios con los que interactúa”, recuerda el profesor.
  4. No basta con acciones aisladas. “La desinformación no tiene un origen espontáneo, sino más bien un carácter rentista y no solo por un tema económico. También hay una renta social y política en generar el caos”, remarca Turpo Gerbera. Esas características plantean la necesidad de un abordaje integral y sistemático, además de decisiones políticas. “En Perú nos falta dar ese último salto, pero eso no es un impedimento para que las universidades aborden el problema”, dice.
  5. Poner límites a los entornos digitales. Luna Amancio considera que los espacios digitales ya han perdido la capacidad para generar conversaciones genuinas. Por eso, sugiere dosificar el uso de redes sociales. “Siempre recomiendo ingresar, recomendar algún artículo o lo que el periodista desee y salir. [Engancharse con los comentarios y las notificaciones] puede dañar la salud mental, quita tiempo y, aunque no nos demos cuenta, nuestra conducta puede ser instrumentalizada por la desinformación”, explica.
  6. Educar al gusto. A inicios de 2020, el escritor, periodista y maestro de la Fundación Gabo Martín Caparrós hizo una propuesta provocadora frente a la carrera por los clics: escribir contra el público. Es decir, dejar de lado las tendencias de consumo de las audiencias digitales y enfocarse en el “olfato” periodístico o, en otras palabras, en aquello que creemos que vale la pena ser contado. Frente a la saturación informativa, Mateus sugiere algo similar: “El periodismo tiene la responsabilidad de educar el gusto de sus audiencias [entregándole información de calidad]. No solo preparar el plato y ofrecérselo, sino brindarle ejemplos para que reconozcan el trabajo profesional y lo exijan”.
  7. Evitar la polarización. “La confrontación vende: quien más grita y más confronta obtiene más likes (me gusta) y vistas. [Eso ocurre porque la polarización] es parte de la arquitectura de las grandes plataformas digitales. Ha sido incorporada para que los usuarios genuinos caigan en la trampa de los bots (programas informáticos que simulan el comportamiento humano) y trolls (usuarios digitales que publican comentarios ofensivos o provocadores para tergiversar la conversación) y, sin querer, terminen amplificando discursos falsos y distorsionado la conversación”, dice Luna Amancio. ¿Qué debe hacer el periodista en ese escenario? Ella, al igual que Mateus, recomiendan evitar esas prácticas. “Si el periodista empieza a imitar la lógica de un youtuber, por ejemplo, pierde la esencia que lo distingue”, opina el profesor.
  8. No menospreciar a las audiencias pequeñas. La fragmentación de las audiencias es cada vez más evidente. En ese contexto, los especialistas sugieren apuntar a la generación de comunidades pequeñas y honestas. “Si algo podemos aprender de los buenos influencers es la capacidad que tienen para crear comunidades sólidas y de confianza. Necesitamos dialogar con nuestras audiencias, saber cuáles son sus necesidades, qué cosas le interesan”, explica Mateus.
  9. Exponer la manipulación de las plataformas. Luna Amancio también plantea la necesidad de redoblar los esfuerzos investigativos del periodismo latinoamericano sobre las grandes corporaciones tecnológicas y su arquitectura. “Nos hacen creer que tenemos libre albedrío en los espacios digitales, cuando no es así. Hay un diseño, una arquitectura digital, que está generando comportamientos no genuinos, y debemos informar eso de manera más sostenida”, dice.
  10. Generar encuentros en espacios físicos. Promover espacios de conversación y reflexión con las audiencias fuera de la virtualidad puede propiciar conversaciones más profundas. Los especialistas recomiendan empezar con grupos pequeños, de 10 o 15 personas. “Es un trabajo de hormiga, pero una oportunidad también. Estamos atravesando una crisis de confianza y de fe hacia el periodismo. Eso lo tenemos que revertir los mismos periodistas porque si no, difícilmente, vamos a poder contagiar a otros”, advierte Luna Amancio.

Sobre el taller ‘Caminos frente a la desinformación: diálogo, resiliencia y soluciones colectivas’ en Perú

Hace parte del programa ‘Comunidad Informada. Lucha contra la desinformación en América del Sur’, una iniciativa de apoyo a actores sudamericanos comprometidos con una información fiable, libre y accesible para todas y todos, impulsada por la Agencia Francesa de Apoyo a Medios de Comunicación (CFI), en alianza con la Fundación Gabo, la Agence France-Presse (AFP) y Chequeado. Este es el segundo de cinco talleres que se realizarán en la región y tuvo lugar el 6 y 7 de mayo de 2026, a cargo de la maestra Ginna Morelo.

Sobre Ginna Morelo

Ginna Morelo es periodista, editora y maestra de la Fundación Gabo. Actualmente, dirige Entre Ríos Museo (entreriosmuseo.co) y ha sido autora y coautora de seis libros sobre conflicto, memoria, narrativas de paz y medio ambiente. Su más reciente obra, La voz de los lápices: testimonios de la universidad tomada, recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar al Libro Periodístico.

Su trayectoria y compromiso con el oficio la han hecho merecedora de múltiples reconocimientos. En 2018, obtuvo el Premio Gabo por su trabajo Venezuela a la fuga y fue reconocida como Periodista del Año por el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Ha ganado el Premio Ortega y Gasset en dos ocasiones (2016 y 2020), en 2019 recibió el Premio a la Excelencia Periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y en 2021 ganó la beca de Reporteros Sin Fronteras, RSF Alemania, para crear Entre Ríos Museo.

Fuente: Fundación Gabo