El autor del artículo, Félix Arias Robles, analiza cómo periodistas, editores, técnicos y directivos de algunos de los principales medios internacionales interpretan la irrupción de la inteligencia artificial en las redacciones y cómo esas percepciones empiezan a redefinir los modelos de trabajo, la calidad informativa y la relación de la industria periodística con las grandes tecnológicas.
En el debate sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) sobre el periodismo, a menudo nos deslumbran las herramientas o los proyectos más innovadores. En mi artículo “Between interest, uncertainty, and awareness: Outlooks on AI in leading media organizations”, me quedo con lo más cercano: la percepción de los profesionales que ya conviven con esta tecnología en medios internacionales de referencia. Porque si la IA ya forma parte de las redacciones, la forma en que periodistas, técnicos, editores y directivos la interpretan condiciona de manera directa sus efectos sobre el trabajo, el producto informativo y la propia industria.
La investigación, publicada en la revista Communication & Society, se basa en las visitas a ocho medios radicados en Londres, pero a menudo con alcance global: Financial Times, Reuters, Sky News, BBC, The Economist, Full Fact, The Guardian y The Times, entre 2023 y 2024. Allí pude conversar largamente con 21 de sus artífices. Me enseñaron algunos de sus proyectos más punteros, me guiaron entre las mesas de sus imponentes redacciones. Pero, sobre todo, abrieron las puertas de sus opiniones para contar cómo el periodismo empieza a redefinirse desde dentro ante una tecnología que ya no se observa con distancia, sino que se discute, se cuestiona y se integra con criterio profesional.
En el artículo se refleja que, apenas unos meses después de la irrupción de ChatGPT, el nivel de conocimiento sobre la IA entre los entrevistados era ya bastante alto. El interés no eliminaba la incertidumbre, pero sí desplazaba el debate desde el desconocimiento hacia la deliberación informada. Las posiciones de los profesionales no encajaban bien en una simple división entre apocalípticos e integrados. Además, quedaba claro que las diferencias no están determinadas de forma rígida por la categoría profesional.
Los entrevistados asumían que la IA ejerce un impacto profundo sobre el modelo de negocio periodístico, pero no existía acuerdo sobre su dirección exacta. Ya aparecían preocupaciones por el uso masivo de datos con derechos de autor e incluso, hace tres años, por la alteración del tráfico procedente de buscadores y por la posibilidad de que los chatbots reconfigurasen el acceso a la información periodística. Algunos perfiles tenían la esperanza de que la IA podía reforzar modelos de suscripción o abrir vías nuevas de ingresos. También se detectaba una tensión importante sobre la influencia de los medios en el nivel de impacto de esta tecnología: mientras algunos directivos creían que podría igualar capacidades entre medios pequeños y grandes, varios periodistas temían que ocurriese lo contrario y que la brecha aumentase a favor de quienes disponen de más recursos, tiempo y margen para experimentar.
La mayoría de los entrevistados no anticipaba una sustitución inmediata y masiva de puestos, pero sí una transformación notable de tareas, perfiles y descripciones de trabajo. La IA no se concebía como un mecanismo simple de destrucción de empleo, sino como una tecnología que altera la naturaleza del trabajo periodístico. El problema radicaba en el balance entre empleos destruidos y creados. Algunos creían que primero llegaría una fase de mayor eficiencia sobre rutinas ya existentes y después una reorganización más profunda del flujo de trabajo. El problema se desplazaba desde la desaparición automática del periodista hacia la redefinición de su valor diferencial.
Esa redefinición se observaba con más nitidez al abordar la calidad informativa. Los profesionales coincidían en que la IA servía sobre todo para automatizar tareas repetitivas. Sin embargo, eran conscientes de que la producción masiva de contenido abre problemas evidentes: más saturación, más ruido y una mayor presión para distinguir entre información valiosa y material de baja calidad. En ese contexto, cuanto más fácil sea producir contenido, más importante será la función profesional que selecciona, verifica, interpreta y jerarquiza. Los profesionales también coincidían en que el público pueda saber si un contenido ha sido elaborado con alguna forma de intervención de IA.
La relación con las grandes tecnológicas emergía como uno de los principales focos de tensión. Algunos entrevistados contemplaban la colaboración con esas plataformas como una vía pragmática para acceder a recursos, evitar desarrollos costosos o explorar nuevas formas de financiación. Otros alertaban de una dependencia creciente, de la asimetría de poder y de la pérdida de control sobre infraestructuras, distribución y calidad. También se detectaba cierta preocupación por una posible erosión de la creatividad o por un reparto del trabajo en el que la máquina se reserve las tareas más visibles y el humano quede relegado a funciones menos relevantes. La integración de la IA, por lo tanto, no puede valorarse solo por su eficiencia, sino por el tipo de periodismo y de profesional que contribuye a consolidar.
La clave, incluso en las primeras fases de esta disrupción, ya no era solo saber qué herramientas existen o qué pueden hacer, sino observar qué cultura profesional se está formando en torno a ellas. La dirección que adopte esta transformación dependerá de si conciben la IA como un mero mecanismo de productividad o un resorte que obligue a repensar principios, flujos de trabajo, transparencia, calidad y autonomía editorial.
Fuente: Laboratorio de Periodismo



